Entropía espiritual

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La vida no es un estado simple: es un estado que nosotros elegimos perpetuar.

 

Muchas veces me he preguntado por qué las personas iniciamos tareas que no acabamos, hacemos promesas que no cumplimos o propósitos que no llegan a ningún sitio, y en general por qué es tan complicado crear nuevos hábitos.

Cuando me hablaron de la ley de la entropía, encontré respuesta a esas preguntas. El segundo principio de la termodinámica dice que “la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse con el tiempo”, es decir, que la tendencia natural del universo es el caos. Teniendo en cuenta esto, es difícil entender la creación o el mantenimiento de algo sin la intervención de una fuerza que se oponga a la de la entropía.

Dicho de otro modo, si no intervenimos sobre un objeto éste tiende a desordenarse molecularmente, o sea, a desintegrarse o deteriorarse. Y exactamente lo mismo nos ocurre a los seres vivos, que estamos en constante degeneración hasta que morimos.

Lo mismo se aplica a cualquier aspecto del ser humano. Si quieres mantener tu cuerpo sano tienes que darle buenos alimentos y ejercicio regular, de lo contrario tiende a deteriorarse. Si quieres implementar nuevos hábitos en tu vida tienes que practicarlos y ser constante, de lo contrario dichos hábitos tienen una tendencia natural a desaparecer. Si quieres crecer espiritualmente tienes que mantenerte en tu centro o equilibrio y trabajar los pensamientos y emociones destructivos, tomando consciencia de ellos y de su mecanismo de actuación, y volviendo una y otra vez a tu centro siempre que sientas que sales de él. Para ello tendrás que prescindir de comportamientos, personas, pensamientos y situaciones que tienden a destruirte. Porque el que persigue la felicidad no necesita conseguir nada, sino deshacerse de lo que le hace infeliz.

La conclusión es que vivir es ejercer una fuerza opuesta a la de la entropía. Ella es el estímulo para movernos en el sentido contrario, para intentar siempre estar aquí y ahora en la mejor versión de nosotros mismos que seamos capaces. Si no es así, nos convertimos en autómatas, con hábitos hacía los que nos han dirigido otros, sin conciencia de nuestro poder, sin conciencia de nuestro deterioro y caminando hacía la desintegración sin disfrutar ni aprender de esta oportunidad que es la vida.

La entropía nos dice que el proceso de desarrollo es constante, siempre hay retos, siempre hay aprendizajes, libérate de la necesidad de identificarte con lo que has conseguido o con lo que te rodea, y podrás volver a tu esencia, que te aportará la sabiduría que precisas una y otra vez.

Rosa López

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